Los guardaespaldas se quedan en el vestíbulo de Steakhouse, con sus pistolas. El SUV a prueba de balas está en su lugar. Y ahora el teléfono celular de Lydia Cacho Ribeiro suena. “Estoy bien” Cacho pone el teléfono, una sonrisa amplia. “Estaba preocupado”, dice de su pareja de mucho tiempo, el editor y columnista mexicano Jorge Zepeda Patterson. “Ésta es mi vida.” Una cruzada en contra de pederastas ha hecho a Cacho, que estará en Washington mañana y el martes para ser honrada por Amnistía Internacional, una de las periodistas más célebres y puesta en peligro en México. En un país donde al menos 17 periodistas han sido asesinados en cinco años y que fue a la zaga de solamente Irak en muertes durante 2006, reporta WASHINGTON POST. Los hacedores de buenas obras y las víctimas quieren conocerla, quieren compartir sus historias. Los villanos la quieren en un ataúd. En la primavera de 2005, Cacho divulgó el abuso de niños y la pornografía prosperando entre los centros vacacionales de 500 pesos en Cancún. Su libro “Los demonios de Eden: el poder que protege la pornografía de menores” narra los hábitos supuestos de hombres ricos cuyos gustos sexuales comprenden a niñas de 4 años.