Crean el mayor aeropuerto del mundo; estará en Pekín y será inaugurado en los JO 2008
El periódico EL PAÍS presenta un reportaje donde señala que Norman Foster disfruta describiendo su arquitectura; explicando su concepción del mundo, a través de unos pocos trazos de lápiz rápidos y certeros sobre el primer papel que encuentra. Todo sirve, una servilleta, un sobre usado, la solapa de un catálogo. Es un maestro proyectando. No para un instante. Puede ser el boceto de un nuevo edificio, el croquis de un mueble, una imaginativa solución técnica. O tres palabras que le sugieran algo. Su actividad es frenética. Continua. Incansable. “Es cierto, nunca dejo de darle vueltas a la cabeza”, confiesa con un ligero rubor. Hace tan sólo cuatro años, durante un viaje relámpago a Hong Kong, algunas de esas líneas salidas de su mano y garabateadas en una cuartilla eran apenas el bosquejo de un sueño. Hoy se han convertido en el aeropuerto más grande y moderno del planeta, el de Pekín. El escaparate de la nueva China que abrirá sus puertas al mundo el próximo mes de agosto, con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Lord Foster (Manchester, 1935) es el encargado de mostrar a EL PAÍS, sobre el terreno, el último y, posiblemente, más impresionante trabajo de su carrera. “Trabajar en China es atenerte a otra escala, algo que los arquitectos de Europa no pueden ni imaginarse. En esta obra han trabajado 50,000 personas. Se han movido cantidades de acero y cemento impensables en Occidente. Y todas las piezas han encajado en un tiempo récord: hemos terminado en tiempo y presupuesto”. Es un proyecto con el que también celebra los 40 años de su estudio de arquitectos, Foster and Partners. Un diseño en el que se resumen las grandes líneas maestras de un estilo acuñado durante más de cuatro décadas: sofisticado técnicamente, estéticamente elegante, eficiente, integrado en la cultura para la se construye y con una ambición de sostenibilidad y respeto ambiental.
