LIMOSNAS PARA LOS JODIDOS

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Un sábado, hace no tantos días, saqué el auto y lo conduje al centro comercial que está a dos cuadras de donde vivo. La idea era entrar al cine allí; buscar después un lugar lejos del barrio para comer; ir a librerías lejanas y entrar a algún café desconocido a leer. Mi ánimo de explorador estaba (está) relacionado con la vida aburrida de los que trabajamos en los “puntos de engorde” -como los bautizó Douglas Coupland hace 18 años en Generación X-, frente a computadoras, post-its y sacapuntas eléctricos. Soy de los muy pocos que caminan de casa a la oficina, así que difícilmente muevo el carro una vez al mes. Ese sábado decidí hacerlo “por salud mental”. Y lo hice.
Salí del cine apachurrado. (Una película larga y mala es una empresa imperdonable para un hombre como yo, que prefiere las cantinas, los bares o los cafés.) Me fui a casa, de regreso, en el auto. Tuve que recorrer muchas cuadras para llegar, a pesar de la cercanía, porque había lloviznado y parece que nos volvemos, con tantita agua, más brutos. Se atascaron los semáforos. Se patinaron unos y se la mentaron casi todos, entre arrancones y enfrenones. No fui a comer lejos, no busqué otro café y otra librería. Volví a mis paredes, a mi punto de engorde bis: mi casa.
Ya sobre el sillón, la experiencia de esa tarde se me vino encima. Frente a los últimos acontecimientos, me sentí culpable. El centro comercial está a unas cuadras, y porque la vida moderna nos agrega angustias resolví ir en auto a donde sea. Gasté gasolina para supuestamente oxigenarme el alma. Le pasará a algunos de ustedes.
Desgraciadamente, por gente como yo la industria del petróleo provoca miles de muertos al año y permite gobernar a estúpidos e inmorales como George W. Bush, Hugo Chávez o las dinastías de los países árabes. Por gente como yo, el clima es vómito del diablo, que hiere con inundaciones y sequías al planeta. Por gente como yo, un país (o varios) (como Irak) es invadido. Por gente como yo están acabando con miles de hectáreas de bosques o de cultivos tradicionales para sembrar granos que generen combustibles. Por gente como yo, el mundo vive en estos momentos la peor escasez de alimentos en décadas, y está por enfrentar una hambruna nunca antes vista.

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