NARCOTRÁFICO | APATZINGÁN, CORAZÓN DE LA LUCHA CONTRA LAS DROGAS… Y DE LA POLÉMICA NACIONAL
ESTRICTAMENTE PERSONAL, la columna de RAYMUNDO RIVA PALACIO:
::::: LA OTRA CARA DE APATZINGÁN :::::
¿Violaciones del Ejército a los derechos humanos en Michoacán? Por favor -dice un lector- la experiencia era bastante peor con el narco
Como todo lo que sucede hoy en día en México, la sociedad está polarizada con el tema del narcotráfico. La participación de las Fuerzas Armadas como policías y ministerios públicos, en violación de la Constitución, lejos de generar una discusión nacional enardecida cuestionando al presidente Felipe Calderón por sus actos y el desgaste de los militares, le gana una creciente popularidad entre la población. Síntoma tradicional de sociedades recién salidas de regímenes autoritarios, el bien personal es mucho más importante que el bien colectivo.
O sea, en el caso de la campaña contra el narco con toda la capacidad de fuego del Estado, aspirar a un país de leyes donde incluso el peor delincuente tiene garantizados sus derechos humanos es arrasado por la necesidad de tranquilidad, aunque sea en el mediano o largo plazo, y de la percepción de seguridad.
Nadie quiere quedar inerme ante la delincuencia organizada, pero los niveles de exigencia para que un gobierno provea la seguridad a sus ciudadanos, que es la razón primaria por la que fueron inventados tras la revolución francesa que reorganizó el mundo moderno, son muy distintos.
Una columna en este espacio el lunes pasado, donde se mencionaron violaciones a los derechos humanos en Michoacán como consecuencia de un operativo especial del Ejército, generó una inusitada oposición. Una de las personas que enviaron correos justificando las acciones extralegales de los militares permitió que se transcribiera su relato sobre lo que vive en esa región, a manera de espejo de cómo desde una perspectiva distinta se percibe esa acción inconstitucional. El correo, editado para su publicación, describe a su comunidad, en Apatzingán, Michoacán:
“Es verdad que el Ejército tiene mucha presencia en la región de Tierra Caliente, pero aquí la población opina… que el Ejército necesita una mano mucho más dura. Para los que dicen que no existe ninguna diferencia entre ahora y días atrás, algunos ejemplos: en Buenavista, Tepalcatepec Coalcoman, existía un toque de queda por el narco. Si ya eran las nueve de la noche y andabas circulando por Coalcoman, grupos armados (narcos) te arrestaban, te preguntaban qué andabas haciendo, te daban una patadita, una cachetada y si los convencías de que sólo eras un idiota que desconocía las leyes locales, te dejaban ir.
“En Aguililla, a la entrada del pueblo, siempre había un carro que revisaba a todo el que llegaba al pueblo. Si tú pasabas en tu carro, el vigilante estacionado en la orilla de la carretera se arrancaba, se te emparejaba y te analizaba. Con sólo verte, decidía si te pedía que te orillaras para una mejor inspección, si pedía refuerzos o te dejaba ir. En la región todo mundo sabe que lo mejor era, cuando te encontraras en esa situación, orillarte sin que te lo pidiera para que tranquilamente te analizara. Una vez satisfecho, se daba la vuelta y regresaba a su lugar de espera. En Apatzingán, el control era tal que todo mundo sabe que la policía era el brazo armado del narcotráfico. Arrestaron a 30 o algo así, y el jefe de la policía está prófugo. También otros tres o cuatro funcionarios del Ayuntamiento. Todo mundo sabe que El Chango (encargado de la plaza) le financió la campaña al presidente municipal.

“Pero volviendo a los balazos que se te hacen crueles (por parte del Ejército), a dos cuadras de donde se dieron vive la mamá de El Chayo (jefe de la plaza de Morelia, primero o segundo en rango dentro del cártel del Golfo en Michoacán). A una cuadra tiene un negocio de autopartes; a la vuelta de la esquina vive uno de sus lugartenientes. La policía ha venido a tomar fotos de esta casa varias veces, pero no hace nada. El operador de radio (inocente según tú) radió a los ´taxistas´ antes de los balazos para que no se acercaran porque había mucho Ejército.
“Cuando El Chayo viene, le invita la borrachera a toda la colonia. En Navidad, Año Nuevo, Semana Santa, la juerga corre a cuenta de él y la colonia lo adora por eso. A todos los que arrestaron son inocentes de disparar un AK-47 el día de la balacera. No tenemos duda, pero todos somos parte del grupo armado si un niño se enferma. Con la mamá de El Chayo encuentras apoyo, una beca, un amigo. El grupo que controla la ciudad cobra cuotas no sólo a los narcotraficantes, sino también a los negocios legales. Todo comerciante que puede se ha ido del pueblo, y el que no paga consigue un balazo y un letrero (porque con el letrero descansa la policía pues no hay nada ahí para investigar: era sólo un narco).
“En muchos pueblos de la región ya se sabe a quién apoya el narco, y el que vaya contra ellos (y pueda ganar) muy probablemente se va a morir (ya se empieza a oír quién está amenazado). Dicen en el pueblo que el dueño de la casa donde fue la balacera es de un PFP, porque esa casa era visitada constantemente por la Policía de Caminos. Y nadie sabe dónde están los narcos pero sus familiares tienen ranchos sacados de un cuento, manejan carros del año, tienen los niños en escuelas privadas, hacen fiestas de lujo, pero nadie sabe dónde trabajan. No sabemos dónde está el narcotraficante pero sabemos dónde está su dinero (¿no sería bueno atacarlo? Imposible, violaríamos los derechos de los familiares de los narcotraficantes).
“En Apatzingán estamos involucrados los que trabajan en las autopartes, el radiotaxista, todos los vecinos, el presidente municipal, la policía municipal, varios funcionarios municipales, la PFP, la familia del narco, los periodistas locales. Aquí en Apatzingán nunca sale una nota en contra del narco en los periódicos locales, a excepción del locutor de canal 5 (él hablaba mal de ellos, pero un día salió al aire y dijo textualmente: ´Hoy me levantaron unos hombres armados y me dijeron que si sigo dando lata me van a quebrar. Este es mi último reporte. Yo no vuelvo a hablar del narco al aire´).
“Hablabas tú de que la CNDH tiene ocho quejas por violaciones. Como verás, podemos tener 500 en un día. Tenemos para eso y más. El diagnóstico: si yo notara que a una bodega llegaron 10 toneladas de cocaína y llamo a la PFP, a la PGR, a la del estado, a la Preventiva local, al velador. me matan en cuanto cuelgue el teléfono. Si tienes suerte y el Ejército no está comprado, lo reportas al Ejército, que tiene que solicitar una orden de cateo. Para que se la den necesita aportar evidencia y que nadie de ninguna otra corporación se dé cuenta para evitar el pitazo. ¿Ves por qué es tan difícil dar los grandes golpes? Pero si el narco se da cuenta que alguien como yo está teniendo pláticas como esta, vienen y me meten un par de balazos si es que no me cortan la cabeza, y me ponen un cartel diciendo ´mándame más sicarios de éstos para seguir matándolos´. Lo que hace más efectivos a los narcos es que ellos escriben el papel después (de matar), y el gobierno lo tiene que solicitar antes. ¿No deberíamos cambiar la ley antes de que nos encuentren mandando recados a escondidas como éste?”. FOTOS de LA OPINIÓN DE APATZINGÁN, AGENCIA ESQUEMA
ALEJANDRA MURIÓ EN LA LÍNEA DE FUEGO (EL UNIVERSAL)
NUNCA PENSARON RENDIRSE (VANGUARDIA)
CLAUDIA ALEJANDRA CORTÉS O LA VIDA BREVE DE UNA SICARIA DE TIERRA CALIENTE:
Siempre habían sido hombres los caídos en balaceras. Si acaso había alguna mujer, ésta nunca había disparado. Los policías y periodistas locales, no recuerdan un hecho similar. Y sí, resulta difícil imaginar a esta mujer, cuyo cadáver reposa desde el martes en una de las fosas del panteón municipal, la ubicada en el sector uno, fila siete. Es una tumba de las que aquí llaman de segunda clase y cuyo mantenimiento cuesta anualmente 350 pesos. Fue poco lo que recibió en la muerte, dice el trabajador del panteón. Lo que a nadie se le olvida son las imágenes de ese lunes. El Ejército llegó con el chirriar de llantas. Todo fue muy rápido. Los soldados bajaron de camiones y rodearon la casa en un santiamén. Algunos vieron todo eso, como un menor que trabaja en una carpintería de la esquina. Aunque se sobresaltó, fue a la puerta del negocio para ver mejor lo que sucedía. No imaginó que aquello estuviera a punto de convertirse en un intenso tiroteo entre delincuentes y militares. Siempre apacible, esa calle reúne en la esquina no sólo a la carpintería, sino al sitio de taxis Constituyentes y una improvisada tienda. Nadie quería tener nada que ver con balas y muertos, pero aquello que fue como una guerra, recuerda don Margarito Toledo, involucró a todos los que viven en las cercanías. Bastaría con sólo preguntarles al radio operador de la base de taxis, Raúl Zepeda Cárdenas, y a la vecina de la casa 140, doña Teresa Valencia González. Ambos fueron detenidos, junto con seis personas más, por el simple hecho de estar, pasar o vivir ahí. Todos se volvieron sospechosos y sucedió que primero “detuvieron y luego averiguaron”, comenta don Patricio Valencia González, hermano de doña Teresa. Pero pocos daban importancia a Alejandra, de figura llenita. Pero hoy, hay quienes dicen que ella fue la primera que salió armada y disparó a los soldados.
Según el parte informativo que rindieron los militares ante sus superiores, ellos se identificaron como soldados y pidieron que quienes se encontraban en la casa marcada con el número 147 salieran con las manos en alto. Una persona -no se especifica si hombre o mujer- abrió la puerta y comenzó a disparar. Sería Alejandra o alguno de sus cómplices Jesús Ambriz o Juan Carlos Valencia Rendón. Quizá eso no se sepa. Según un reporte interno de la Procuraduría General de la República (PGR) en poder de EL UNIVERSAL, cayeron heridos cuatro soldados y no tres como se dijo inicialmente: el teniente de infantería Archibaldo Uribe Morales, el soldado de trasmisiones Pablo Villegas Contreras, el soldado de sanidad Raúl Peña Medina y el soldado de infantería Eduardo Chávez Madero. Luego, la reacción no se hizo esperar. “¡Hazte a un lado, chamaco!”, le dijeron al carpinterito los soldados, que cuando irrumpieron al negocio de su tío, apenas comenzaron a jalar del gatillo para enfrentar a los delincuentes. -¿A Alejandra, la viste, fue ella la que disparó primero?, se interroga al niño cuyo tío le pide que cuente todo. Narra que los militares dijeron al principio, cuando empezaron los balazos, que una mujer disparaba desde la puerta. Lo único cierto, incluso llamó la atención a soldados y policías, es que el cuerpo de Alejandra quedó en la puerta, cerca de un fusil AK-47 y sobre éste se advertían algunos cartuchos ya usados. El sitio en el que se halló el cadáver de quien solía vender ropa a pagos entre los vecinos, quedó en la parte de la casa que más fue castigada por el fuego militar.